lunes, 31 de julio de 2017

VACIANDO MOCHILAS, LLENANDO ALMAS (capítulo 11)

✤ Capítulo 11. Cambio de look ✤
La piscina, con su jacuzzi y su fuente, nos había dejado completamente como nuevas. Las dos agradecimos el haber estado dos días completos cocinando como locas en casa, pues era todo un gusto llegar y tener la comida lista para alimentar nuestros estómagos enfadados y rugientes.

―¿Viste la chica que llevaba el pelo de color rojo?―me preguntó Joana ya con dos tazas de café en la mano acercándose a la mesa.
―Era imposible no verla.
―Pues me gustaría hacerme ese peinado.
―¿Rojo?―pregunté alarmada.
―No burra, dije peinado, no color.
―Ah. Perdone usted.
El café estaba delicioso y más aún con la bola de helado de vainilla que Joana le había metido dentro. No sabría decir si había más helado o más café.
―Pues háztelo. Esta misma tarde vamos a la peluquería del camping. Está al lado de las oficinas.
―Será muy cara…
―¡Que le den! Lo que nos estamos ahorrando en tabaco, nos lo gastamos en pelos―añadí riendo.
―¿Y Jorge?―preguntó Joana.
―Uy uy uy uuuuuuuuuuy, Jorge…
―No seas tonta.
―Pues está bien rico.
―No está mal.
―Y te mira de esa manera de mmmmm.
―Burra.
―¿Y por qué no? No le debes nada a ese desgraciado―en cuanto salieron las palabras de mi boca me arrepentí―. Perdona, quise decir…
―Calla, tontita. Dijiste justamente lo que quisiste decir―dijo Joana riendo.
―¿Te gustaría un romance veraniego?
―No sé. Yo nunca he estado con nadie más―no dije nada porque sabía que no había acabado su reflexión―. Pero sí, sí me gustaría. 
―Pues adelante. Flirtea, coquetea, diviértete, siente, experimenta… Yo te apoyo en todo. Hasta soy capaz de dejaros la caravana y de dormir en la playa para no escuchar tus gritos de placer y de lujuria.
Las dos rompimos en una carcajada y nos miramos con cara lascivas y sacando las lenguas.
―¿Interrumpo?
De nuevo Jorge nos pillaba de lleno en una de nuestras locuras compartidas y de nuevo Joana se puso colorada como un tomate.
―Justamente hablábamos de…
―De ir a la peluquería esta tarde―me interrumpió mi amiga fulminándome con la mirada.
―Ah… Pensé que haríamos lo de las fotos―dijo contrariado Jorge.
―Sí, sí. Iremos ahora mismo a ver si nos cogen y en un rato estamos de vuelta. ¿Te va bien?―pregunté.
―Vale. Mientras comeré algo y os espero.
Recogimos de prisa los pocos platos que habíamos ensuciado y los juntamos a los que ya estaban sucios.
―Menudas guarrillas estamos hechas. Habrá que ir a fregar los platos un día de estos―me dijo ella mirando el fregadero.
―Cuando volvamos de la pelu iré yo mientras tu ligas libremente con don Jorge.
―Vale―respondió ella sin dudarlo.
―¿Vale? ¿Has dicho vale? ¡No me lo puedo creer! ¡Ven aquí y dame un abrazo!
Nos fuimos decididas a hacernos un cambio de look de los que hacen historia y realmente lo conseguimos. Joana se rapó el pelo a los lados dejando solamente su larga cabellera en medio y con un flequillo en forma de flecha hacia abajo. La verdad es que estaba guapísima. Si se lo recogía en una coleta, se veían perfectamente las zonas laterales rapadas. Y si en cambio se lo dejaba suelto, se disimulaban tanto que casi eran imperceptibles.
Yo, por mi parte, me corté el pelo cortísimo de un lado y solamente un poco más largo del otro, haciéndome un flequillo recto y dejando una trenza larga y fina en el lado donde el pelo era más corto.
―Vaya, chicas, estáis verdaderamente estupendas―nos dijo Jorge nada más vernos pero mirando claramente a mi amiga.
―Gracias―le respondió sonriendo abiertamente Joana.
Saqué mis dibujos de la caravana y cogiendo los platos sucios, que ya habíamos metido en un recipiente de plástico grande, me dirigí sola a la zona preparada para eso y dejé a mi amiga que llenara con un poco de vida y sensaciones su alma, y vaciara a cambio su mochila personal.

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