sábado, 29 de julio de 2017

VACIANDO MOCHILAS, LLENANDO ALMAS (capítulo 9)

✤ Capítulo 9. En blanco y negro ✤
A la mañana siguiente me desperté muy temprano y para no interrumpir los sueños de mi amiga, decidí salir fuera de la caravana y pasar un rato a solas con mi pasión: el dibujo.

Hacía ya tantos años que expresaba todos los sentimientos, sueños, ideas, temores y sensaciones a través de mis dibujos, que ya no podría recordar cuándo y cómo empecé. Sólo sé que cuando me siento ante una hoja en blanco, mi imaginación empieza a volar y se pierde por mi mente, sacando de ahí mismo cosas increíbles que ni siquiera sabía que estaban escondidas. Creo que las escondo tan bajo llave, quizás hasta con candados, que ni yo misma soy capaz de verlas hasta que las plasmo en una hoja.
―Buenos días, artista. ¿Has traído tus dibujos con nosotras?―mi amiga acababa de salir de la caravana todavía con los ojos llenos de sueño.
―Sí. Si quieres te enseño los últimos.
―¿Si quiero? ¡Por supuesto que quiero!―dijo ella sentándose a mi lado y cogiendo todos los bocetos y dibujos de una vez.
Poco a poco, sin pronunciar palabra, los fue pasando de uno en uno, parándose mucho tiempo en todos ellos. Yo seguí dibujando el que había empezado esa mañana, aunque de alguna manera ya no estaba tan concentrada en el trabajo, pues me sentía nerviosa por si le iban a gustar o no a Joana los demás.
―¡Madre mía, Derah! Es increíble lo que logras transmitir en cada una de las líneas que trazas. Me siento tan orgullosa de ti…
―Gracias―le dije todavía sin levantar la vista y sintiéndome estúpidamente avergonzada.
―Ah no… nada de eso. No me des las gracias como si yo te estuviese haciendo un favor alabándote. Lo digo de corazón y totalmente en serio. ¿Por qué te cuesta tanto creer en ti misma cuando yo creo ciegamente?
―Sólo son dibujos, Joana, no me llevarán a ninguna parte…
―Mírame ahora mismo a los ojos, Derah. ¡Mírame!
Levanté mi cara, que notaba sonrojada y caliente, para mirar a mi amiga.
―No es cuestión de dónde te llevaran a ti, que no dudo ni un momento que te llevarán lejos. La cuestión aquí es dónde logras llevar a quienes tienen el privilegio de verlos. A mí me alegran, me entristecen, me fascinan, me hacen soñar… ¿No lo entiendes? Eres una artista. Una artista que tiene el poder de reflejar cosas a través de su trabajo. ¿Crees que todo el mundo puede hacer eso?
―No… supongo que no…
―¡Por supuesto que no, Derah! Ay, mi niña―dijo acercándose a mí con la silla y cogiéndome de las manos―, esta es tu mochila, cariño. Tu inseguridad, tu imposibilidad de valorarte y de sentirte única. 
―Me vas a hacer llorar―advertí ya con lágrimas asomando en mis ojos.
―Si lo haces, que sea de alegría. Por haber entendido de una vez por todas que tienes magia en las manos.
―Gracias, Joana. No, no te enfades. Te doy las gracias yo también de corazón.
―Y además eres guapa―añadió ella sonriendo.
―Bueno, vayamos paso a paso… No pretendas que de golpe vacíe mi mochila de todas mis inseguridades―dije yo riendo.
―¿Desayunamos?
―Claro. Yo preparo café. Tú si quieres puedes ir a comprar cruasanes a la panadería.
―Vaya… que suerte la mía. Me tocó a mí la peor parte.
Tras arreglarse un poco y asearse, mi amiga se encaminó hacia la panadería y yo volví a guardar todos mis dibujos en la carpeta para esconderlos dentro y preparar el café. Justo en el momento en que iba a poner la cafetera en la pequeña vitrocerámica que llevaba incorporada nuestra casita con ruedas, mi teléfono móvil empezó a sonar.
―Hola, Antonio. ¿Qué tal estás? Tu hermana ha salido un momento para comprar el desayuno.
―Hola, Derah. Yo estoy bien, ¿y vosotras? ¿Cómo es el lugar?
―Es maravilloso, Antonio. Todavía no hemos visto mucho, pero la playa y la parcela que nos ha tocado son espectaculares. Por cierto, tesoro, gracias por prestarnos la caravana. La estamos cuidando bien.
―Tranquila. De todas formas ya tenía intención de bajarla de precio, por lo menos ahora será por una razón válida. La bajaré por ser de segunda mano, y qué manos más preciosas…
―¿Vas a venir a vernos algún día?―pregunté para cambiar de conversación por si lo de las manos iba por mí.
―Pues la verdad es que sí. Había pensado acercarme a final de semana y pasar con vosotras dos días. ¿Seré una molestia?
―¡No seas tonto, Antonio! Ya sabes que tú nunca molestas. ¡Ah! Mira. Por ahí viene tu hermana. Te la paso.
―No, no es necesario. Salúdala de mi parte. Mi intención era hablar contigo, por eso llamé a tu móvil y no al de Joana.
―Te la paso igualmente. Cuídate, guapo. Un beso.
Le pasé el teléfono a mi amiga como si me quemase en las manos. Tenía miedo. Hacía ya mucho tiempo que sentía ese temor cuando hablaba con Antonio. Notaba sus sentimientos hacia mí y yo nunca me he permitido indagar más a fondo en los míos hacia él. Sé que lo adoro como un hermano y no desearía perderlo, pero si fuera realmente sincera conmigo misma, vería que las mariposas en mi estómago que empiezan a revolotear con el simple hecho de escuchar su voz, no son mariposas de hermanos.
―¡Qué bien! Dice que vendrá a pasar unos días. ¿Te alegras?
―¡Claro! ¿Por qué no voy a alegrarme?―respondí mientras intentaba no mirarla poniendo el café sobre la mesa de fuera.
―Querida amiga tontita, el día que dejes de luchar contra tus miedos, serás realmente feliz.
―Déjalo ya, Joana, o te tiro el café ardiendo en los pies.
―De acuerdo, lo dejo. Sé perfectamente que serías capaz.
―¿Y tus dibujos?―preguntó Joana sorbiendo un poco de café.
―Los he guardado.
―Pues en cuanto acabemos de desayunar los vuelves a sacar. No he terminado de verlos todos.
―Como quieras.
Limpiamos la mesa y le entregué mis dibujos a mi amiga mientras yo decidía desde dentro qué íbamos a comer ese día. Habíamos hecho planes de ir a la piscina del camping para ver cómo era y pasar allí toda la mañana. Así que era imprescindible dejarlo todo hecho antes de irnos. Por un momento pensé que Joana había encendido la radio al oír voces charlando, pero enseguida distinguí la de mi amiga. Así que me asomé por la puerta para ver quién estaba con ella.
―Ven, Derah. Te presento a nuestro vecino. Se llama Jorge.
―Hola, Derah. Encantado.
―Hola. Igualmente.
Fue sólo al sentarme cuando me di cuenta de que ambos estaban mirando todos mis dibujos y en ese instante empecé a notar mi cara ardiendo.
―Son magníficos, Derah. Se lo estaba diciendo a Joana. Espectaculares. Deberías hacer algo con ellos. Exponerlos, venderlos, buscar alguna forma de que el mundo los pudiese admirar.
Mi vergüenza subía de grado así como la sensación térmica en mis mejillas.
―Gracias―logré decir simplemente, fulminando con la mirada a Joana.
―Creo que podríamos hacerles fotos y abrirte un blog personal en Internet. Nunca se sabe quién puede verlos y apreciar tu talento. Bueno, eso si estás de acuerdo, claro.
―Bueno… yo…
―¡Oh! ¡Qué idea más fantástica! ¿Tú sabrías hacer eso?―preguntó mi amiga interrumpiendo mi comienzo de negativa.
Estaba claro que Joana quería vaciar mi mochila a toda costa y ese pensamiento me sacó una sonrisa.
―Sí, por supuesto. Es muy sencillo. Lo primero de todo es registrarlas para que luego no haya problemas de plagios o de que puedan usarse ilícitamente. Hay un sitio en Internet que es gratuito y legal para eso. Luego es cuestión de abrir el blog y subir las fotos y, si quieres, puedes presentarte, comentarlas, añadir seguidores. Un millón de posibilidades.
―Suena interesante―dije sin mucho entusiasmo.
―Suena estupendamente genial―dijo Joana.
Quedamos en vernos por la tarde y hacer las fotos para registrarlas enseguida. Jorge se iba al pueblo a comprar algunas cosas y nosotras a la piscina. Atravesamos el camping completo, no sin admirar las flores y los árboles inmensos que parecían acompañarnos en nuestro paseo. 
Al llegar a la piscina nos quedamos impresionadas por lo grande y acogedora que era. Una gran fuente se alzaba en medio de ella y había una pequeña escalera de madera que la atravesaba para ir a un bar, de madera también, desde el que salía una música tranquila pero a la vez alegre.
Descubrimos con entusiasmo pequeños jacuzzis en diferentes sitios de la piscina y no dudamos ni un segundo en meternos en el más alejado. Justo el perfecto para verlo todo pero sin casi ser vistas. Como siempre.

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